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Viendo a Dios por la obra de Cristo


Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. (Jn. 1:15-18)


El testimonio de Juan el bautista fue muy enfático reconociendo la gracia del Señor, una sola mirada vasto para reconocer su eternidad, señorío y propósitos. Contrasta a Jesús con Moisés quien sostenía el pilar religioso de la época. No lo compara, porque entendió, que la ley encontraría su máxima expresión en Cristo (Lc. 24:44


Pero ciertamente lo posiciona en un mayor lugar que la ley. Ya que Cristo es el centro de la revelación divina con una gloria indescriptible. Todas las bondades del amor de Dios, son vistas en la obra del Mesías. Ya no solamente con normas y actos religiosos como tenía el pueblo hebreo, sino, con la imagen más cercano a la imagen de Dios en la tierra. Además de que, la gracia y atributos del Padre son evidenciados en la obra y persona de Jesús (Jn. 10:30). Quien, es reflejo de su grandeza eterna. La oscuridad que, anteriormente existía un velo espiritual para que no pudiéramos acercarnos directamente al padre (2 Co. 4:3-4), Pero ese velo fue iluminado cuando Jesús se humanó (Vv. 14). Y nada ha revelado jamás el amor de Dios con tanta excelencia como la entrega de Cristo en la cruz, por amor a todos los que responden con fe al evangelio (Jn. 3:16).


Tanto el apóstol como Juan el Bautista identificaron claramente a Cristo por su poder, su integridad, su autoridad, su amor, y la gracia que siempre le acompaño (Lc. 2:52). Esto fue afirmado aún más en ciertos momentos, como el bautismo o la transfiguración (Mt. 3:17, 17:5). Ellos vivieron sin dudar por un segundo que, Cristo era el camino trazado por Dios. Esto les hizo aceptar su menaje y vivir para su gloria. Nosotros estamos llamados al mismo compromiso, conocer a Dios mediante las escrituras, y vivir para su gloria es la evidencia de haber conocido la verdad y tener un encuentro con Jesucristo (Jn. 8:32, 36). Debemos caminar con una enorme seguridad de que, estamos dirigiéndonos a la gloria y reino eterno de Dios, e igualmente, tener seguridad del beneficio que hemos adquirido, dependiendo completamente de su obra. Dios responde nuestras necesidades para afirmarnos en la verdad. Escudriñemos y creamos a su verdad, dejemos que su Espíritu nos dirija en santidad y veremos la grandeza del Señor en cada aspecto de nuestras vidas (Jn. 14:21).


Hermanos, por la fe en Cristo, tenemos acceso a una relación personal con El soberano y creador de todas las cosas, por la salvación, puedes orar a Dios y entrar a su presencia con seguridad, pidiendo que te haga sensible y otorgue discernimiento para que lo veas claramente dirigiendo tu vida según su buena, perfecta y agradable voluntad (Ro. 12:2c). Amigo, si aún no puedes ver a Dios en tu vida, es por la falta de la intimidad que ofrece la salvación, Dios te ha hecho un llamado para estar cerca de Él, pero debes renunciar a la vida de pecado y acercarte en plena certidumbre de fe (He. 11:6). Hoy puedes recibir esa seguridad y relación si aceptas a Jesús como tu Señor y salvador, permitiendo que obre maravillas en ti. Dios te bendiga


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Mateo 10-12

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