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La señal más gloriosa de la autoridad de Cristo

 

Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho. (Jn. 2:18-22)

 

Luego del acto de Purificación del templo en la pascua, Juan nos cuenta que los religiosos “siempre presentes para rebatirle (Lc. 11:54), mas no, para velar por la santidad del pueblo” querían ver una señal que, evidenciara que Jesús poseía la autoridad de aquella acción “no les bastó el hecho de haberles confrontado, con algo que no pudieron negar” (Mr. 1:22), por e contrario, en vez de reflexionar querían una prueba mayor para probar su Jesús era digno de tal reprehensión. Cristo les dice que ellos podrían destruir su cuerpo y en tres días lo volvería a levantar. Claro, ellos no entendieron y siguieron limitando lo que Jesús podría hacer porque no le conocían y pensaban que se refería al templo físico. Jesús enfatiza que, la señal que ellos recibirían seria verdadera significativa al entregar su propio cuerpo, el cual, sería destruido eventualmente por ellos y resucitaría, tal como se había anunciado (Is. 53). Pero no les detallo la explicación, por la misma razón que les hablaba en parábolas (Mr. 4:10-11), su maldad. Los discípulos, sin embargo, recordaron al presenciar el evento de la resurrección más adelante.

 

Nosotros siempre somos tentados a demandar señales de Dios para tener fe y tranquilidad en aquello que Dios, va obrando en nuestras vidas. Pero, la señal más gloriosa, ya ha sido dada, el cuerpo de Cristo fue levantado para el perdón de nuestros pecados, liberándonos de sus consecuencias (Ro. 8:1). Y aunque Dios, pudiera responder aquella petición, en nuestras vidas “y ciertamente en ocasiones lo hace” aunque no siempre de la manera que deseamos, el llamado que tenemos como sus hijos es, el de caminar por la fe (2 Co. 5:7), caminamos por fe, porque tenemos seguridad en que aquello que Dios va haciendo o permitiendo en nuestras vidas. Especialmente aquello que perfeccionará su carácter en nosotros, lo cual, siempre será bueno (Ro. 12:2c; Stgo. 1:17), por tanto, comprometámonos con obedecer a nuestro Señor y confiemos en aquello que en su soberana voluntad permite en nuestras vidas, de esta manera caminaremos en sabiduría y en el temor espiritual, que modelar ante su presencia (Pr. 9:6, 10).

 

Hermanos, tenemos muchos motivos para obedecer y creer en la autoridad de Dios. La salvación, Su Espíritu, las Escrituras, la fe, etc. Estos son medios suficientes que Dios ha definido para fortalecernos y darnos seguridad de su compañía (Jn. 16:8-11). Debemos aceptar la autoridad de Cristo puesto que, ha mostrado con creces que es digno de confianza, además, le necesitamos para tener una vida eternamente feliz. Amigo, esta vida y esta dependencia a Dios se logra, cuando somos invadidos por su gracia y su amor nos inunda logrando una relación con El, por Jesucristo (1 Jn. 5:10-12), hoy te animamos, a que pongas tu fe Cristo, y aceptes la señal del calvario, como el camino establecido para tu salvación. Dios te bendiga.

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Marcos 6-8

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