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Dios mira mas allá de nuestras acciones

 

Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. (Jn. 2:23-25)

 

Cuando Jesús comenzó a manifestar su compromiso con Dios en la tierra tal como se había anunciado (Mt. 1:21), ya varios le seguían y otros sentían interés en las cosas que hacía, pero lamentablemente, mientras algunos se acercaban por fe, otros se acercaban con intenciones ocultas buscando beneficios perecederos, olvidando que, aquel manifestaba señales de estar cerca de Dios, podía ver claramente las intenciones del corazón (Jn. 16:30). Cristo podía ver en aquellos que expresaban confianza, una fe superficial y sensacionalista. Una que deseaba recibir emociones más que dirección, y por esto, Juan señala que su fe carecía de veracidad, por carecer de sinceridad. Cuando hablamos de fe, no se trata solo de creer que Dios puede hacer cosas por nosotros, sino de estar convencidos de que Cristo es la manifestación del amor de Dios para el hombre y que en Jesús descansa la deidad de Dios mismo (Jn. 10:30; Col. 2:9). 

 

Dios ve mucho más allá de esas acciones externas religiosas, que las personas hacemos, pueden aparentar piedad, pero delante de Dios, todo está descubierto (Ga. 6:7a; He. 4:13).

Ahora que somos más conscientes de esta realidad, debemos ser más intencionales a la hora de buscar a Dios. Ya que El, sigue juzgando los corazones y no puede ser burlado (Ga. 6:7). Aquel que desea realmente tener una experiencia con Dios, necesita acercarse en una plena comunión espiritual y certidumbre de fe (He. 10:22), persiguiendo algo más que, un cumplimiento religioso o emocional en su caminar con Dios. A pesar, de los innumerables beneficios que existen al vivir por fe, debemos enfocarnos más en, conocer y deleitarnos en Dios, siendo honestos cuando estamos delante de Él (Mt. 5:8). 

 

No cambiemos al creador por las cosas creadas, lo cual puede terminar eventualmente en necedad (Ro. 1:21-22). Dios mira más allá de esa acción piadosa, “muchas veces carente de intención y pasión”, más allá de tu servicio en su nombre, de las acciones externas que no revelan a otros, las intenciones reales de nuestro corazón (Sal. 33:13; He. 4:13b), más allá incluso de los pensamientos, porque Dios puede ver con claridad. Si deseamos que nuestras vidas sean integras delante de Él y grata, debemos ser sinceros al vivir la vida de obediencia y la fe que expresamos poseer.

 

Hermanos, si nuestros corazones buscan ser saciados verdaderamente en Dios, podremos lograrlo, mediante la obra del Espíritu Santo quien nos guía a toda verdad (Jn. 16:13ª). No hacerlo esta manera, es menospreciar la sabiduría de Dios y el honor que debemos manifestar a El (Is. 43:7, 21), con un corazón que no es recto ante El. No permitas que, el trabajo, las amistas, los afanes de la vida, ni ninguna otra cosa, impida que busques a Dios, sea de corazón, dándole el lugar que merece en tu vida. Amigo, recuerda que la salvación no solo son actos externos, sino, la disposición del corazón en aquello que Dios desea que recibas principalmente en Cristo, salvación (Jn. 3:16). La transformación que Dios opera va mucho más allá de las acciones externas. Permite que Jesús te de una nueva vid corazón (2 Co. 5:17). Dios te bendiga

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Marcos 9-11

 

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