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Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. (Jn. 19:28-30


Luego de haber consagrado a Juan a María, y consciente de que la hora final ya había llegado, en su eterna sabiduría (16:30), declara en la cruz que, tiene sed. La deshidratación había calado profundamente en su cuerpo, antes ya había rechazado cualquier cosa que le mitigara el dolor que debía experimentar como precio por el pecado (Mr. 15:23), pero no es la razón, por la que ahora si desea tomar algo, sino el cumplimiento de la profecía tipológica registrada en (Sal. 69:21), los soldados dan de un tipo de vino que ellos habían llevado para su consumo personal, no es la misericordia ni compromiso profético lo que los lleva a dicha acción. Ya que, aunque, en los enemigos esto era una manera de extender la vida y por ende el sacrificio, en cristo, era una completa culminación de su ministerio.  


Luego que le hicieron llegar el vinagra, Juan registra que Jesús expreso las Palabras “consumado es” aunque, cuando vamos a los sinópticos para conocer más al respecto, (Mt. 27:50, Mt. 12:37) Señalan que Jesús expreso estas palabras como un fuerte grito. Las últimas palabras de Jesús fueron un grito de victoria, había logrado vivir la vida sin pecado que lo habilitaría para ofrecer su vida en expiación (Is. 53:9-10), luego de estas palabras, había sido cubierto todo pecado que era cubierto momentáneamente el sistema sacrificial de los hebreos (Ro. 3:25, He. 2:17). Claramente, su gripo evidencia que no fue el desgaste físico, el maltrato o la presión la que quitaron la vida a Jesús, sino que, el Habiendo finalmente cumplido su propósito entrego a Dios su espíritu. Esta entrega voluntaria era aquello por lo cual, Dios lo había enviado (10:18). Y que cumplido meticulosamente hasta el final de su vida. 


En este momento todos los que rodeaban el cuerpo de cristo se hacían una idea de lo que acababa de pasar, para uno de los ladrones, fue un mentiroso para el otro un medio de salvación, para los soldados se había acabado la diversión, para el sensato centurión, fue una entender la pureza de la vida y misión de Cristo (Mt. 27:54), para los judíos, su aguijón se había acabado, para Pilato era una manera de humillar a los lideres religiosos, para la multitud en parte era evidencia de la falsedad de Cristo como Mesías (Mt. 27:40), para las mujeres y sus discípulos era una inmensa perdida y dolor, en cada uno de estos casos, todos tuvieron una idea, pero la realidad es que, la muerte de Cristo seria la ofrenda perfecta que alejaría la ira de Dios de los pecadores, haciéndose efectiva favorablemente en los que creen, y poniendo bajo la maldición de la condenación a quienes le rechazan (3:18). 


Cristo aquí está cumpliendo su función profética, en todo sentido, su vida fue perfecta, no había defecto en él, sino que, más bien, tomo nuestras culpas e iniquidades y las clavo en la cruz (2 Co. 5:21, Col. 2:14), Ahora Cristo se ha vuelto la propiciación por nuestros pecados y por todos aquellos que crean en El con fe (1 Jn. 2:2). Aue Cristo fuera perfecto es importante, porque su sacrificio también lo es, su obra abarca, los pecados cometidos desde la caída de Adán, hasta el día en que aquel que cree, aun el día de hoy, se encuentre delante de su presencia. Su obra fue a dimensional, lo que significa, que no hay pecado que confesemos que no sea alcanzado por la obra sustitutoria de Cristo, en quien Dios siempre extenderá sus brazos de amor si confesamos con sinceridad nuestras faltas (1 Jn. 1;9).  


Hermanos, la fe, nos ha incluido en la vid verdadera de la salvación, todo esto, por la entrega de Cristo, orquestada por la gracia de Dios (Ef. 2:5-9), ahora nuestra culpa ha sido limpiada y somos considerados justos, por la justicia que vivió la viva que no podíamos vivir, experimentado la muerte que merecíamos (Is. 1:18; 2 Co. 5:17). Amigo, tú puedes recibir la salvación, si aceptas la realidad de la obra de Cristo, la muestra más gloriosa del amor de Dios para ti (3:16), todos moriremos en la vida, pero solo aquellos que han aceptado el regalo de la salvación que Cristo ofrece, podrán experimentar la gloria junto al Señor eternamente. Hoy puede ser ese día para ti, ven a Cristo para que tus pecados sean borrados (Hch. 3:19-20). Dios te bendiga  


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 18-20 


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