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Jesús prepara a los suyos para enfrentar el rechazo 

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. (Jn. 15:18-25).


Jesús quiere dejar en claro que, así como El experimento el rechazo por parte de aquellos que se resistían a la voluntad de Dios, ellos también habrían de enfrentar confrontación, y el rechazo que el mundo habría de extender hacia ellos, con rechazo físico (Lc. 9:5), cárceles (Hch. 4:1-3, 5:17-18), burlas (Hch. 17:32), etc. Y para casi todos ellos esto representaría eventualmente la muerte, solo Juan por propósitos divinos tuvo la oportunidad de morir en su vejez, Pero Jesús enfatiza que, ellos serian rechazados, no solo por su mensaje, sino por El Dios a quien ellos representaban y el rechazo que Cristo mismo experimento. Todo este odio, se intensificaría a lo largo de los años, como vemos en las persecuciones que los emperadores intensificaron, aunque lo único que hacían los creyentes era apartarse de la vida de pecado (Ef. 5:11), pero el mundo está gobernado por las influencias del maligno (1 Jn. 5:19). 


También Jesús les enseña que, esto será evidencia de la falta de Dios en sus vidas, sin embargo, tanto los fariseos, como aquellos que rechazaran el mensaje, tendrían las consecuencias de sus malas acciones, ellos irían serian contrariados, porque a Cristo mismo lo contrariaron (Mt. 10:24-25). Ellos serian parte de este padecimiento, como representantes de su gloria (Fil. 3:10). Ya que ellos aborrecen directamente a Dios. Y este rechazo seria lo que produciría eventualmente su propia condenación por haberse resistido a la bondad y misericordia de Dios (3:18), esta incredulidad haría que las personas sin una razón con base sólida ni moral ni de ninguna otra índole como sucedió con Cristo, nos rechacen (Sal. 35:19). Este rechazo habiendo sido profetizado y modelado por Cristo, no debería generar desagrado porque los discípulos de Cristo no formaban parte de este reino y les esperaba una maravillosa esperanza (Fil. 3:20). 


Cuando nosotros ponemos nuestra mirada en Jesús, inevitablemente vamos a recibir confrontaciones por aquellos que abrazan la vida de pecado, esto incluye familiares, amigos o compañeros de estudio y trabajo. La Biblia nos estimula a estar dispuestos a padecer por parte de aquellos que no conocen a Dios, pero que sea siempre en virtud de nuestro ejemplo y compromiso con Dios (1 P. 4:14-16). Otras veces la persecución irónicamente vendrá por parte de personas que en su parecer son personas religiosas, y al igual que los fariseos, están tan llenos de sus prácticas e ideas que no aceptaran el mensaje del evangelio, pero este mismo rechazo evidenciaría su falta de piedad y amor verdadero a Dios (1 Jn. 2:19), estos mismo son personas que descansan en obras y servicio que han prestado a Dios, pero Dios nunca tuvo un conocimiento verdadero de ellos como sus hijos (Mt. 7:22). 


La Biblia es un manual para que los creyentes puedan conducirse en esta vida de manera que podamos agradar a Dios (Sal. 119:105), pero también, encontramos promesas y palabras para cuando nos encontremos en escenarios donde aparezcan personas que rechazan el mensaje del evangelio, y se opongan a la verdad. En ese momento, una de las cosas importantes que debemos recordar, es que las personas sin Cristo están atados a sus pecados (8:34), y por tal razón y siendo influenciados por el príncipe del pecado, de donde Dios nos ha sacado (Ef. 2:1) por esto, debemos reconocer la influencia del maligno. Sobre ellos y poder seguir orando por aquellos que nos desean mal y nos vituperan (Mt. 5:44), manifestando así la gracia de Dios, a favor de ellos. 

 

Hermanos, Una de las tristes realidades en las que nos encontramos hoy día, es aquella donde muchos llamados creyentes están dispuestos a renunciar a sus valores espirituales con tal de agradar a mundo, al cual Dios nos dice que no debemos amar (1 Jn. 2:15-17; Stgo. 4:4), si el mundo nos rechaza, hay dos cosas que nunca debemos olvidar, 1. Que el rechazo sea confrontado con una vida digna del evangelio y 2. Que hemos sido adoptados por Dios y eso debe ser suficiente por encima de las presuposiciones de los demás. Amigo, Jesús ha explicado claramente que, aquel que rechaza su mensaje o su obra, rechaza a Dios mismo y por ende, estará dirigiéndose a la condenación eterna. La única manera en que tu puedas recibir la salvación es mediante el mensaje de Cristo al cual debes responder con fe, por eso te invito a que, hoy, reconozcas tus pecados y no sigas rechazando el amor de Dios. Dios te bendiga. 


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 10-12 

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