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El amor como norma, en la vida del creyente 

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros. (Jn. 15:12-17


Jesús vuelve a enfatizar la importancia del amor que debería haber entre ellos como hizo (13:34), ahora que están más conscientes de sus propósitos y planes para con ellos, reafirma esta importante norma relacional, amándose, ellos evitarían dañarse mutuamente (Ro. 13:10), contextualmente, solo aquellos que han sido regenerados y permanecen en la comunión con Cristo, reciben de Dios la capacidad de amar como Dios ama (Ro. 5:5), no por nada, Pablo lo identifica como un fruto espiritual (Ga. 5:22). Este amor, no debería ser ni religioso, ni emocional, sino un amor dispuesto similar al que Cristo les había manifestado hasta aquel día, más allá de sus debilidades. Con una disposición de dar su vida, procurando el bienestar del hermano, tal como Él hizo (Ro. 5:6-8). Juan lo habría aprendió y enseño a la iglesia a lo largo de los años, el amor era una evidencia contundente del nuevo nacimiento (1 Jn. 4:7-8).

  

Él se habría de ser pecado por ellos (2 Co. 5:21), y el amor debería ser un fruto que evidenciara su compromiso con la obediencia. Esto, además, habilitaría a los discípulos a tener una relación más estrecha con Dios, no una distante como la que existía entre el amo y sus siervos, sino una relación más íntima de amistad, donde la intimidad y el amor sentaban la base de la relación, como había acentuado en su ministerio (Mr. 3:33-35). La obediencia nos guiara a una vida de santidad, porque la obediencia nos encamina en amor a una estrecha relación con El Padre (14:21). Ellos serian instruidos por Dios mismo, ayudados por El, y recibirían su poder para obrar en todos los aspectos del ministerio y la vida diaria. Esta relación haría que sus vidas fueran fructíferas, según los planes eternos, tal como había señalado antes (Vv. 4-5). Ellos verían el poder de Dios en sus peticiones. Reafirmando finalmente el llamado al amor. 


La Biblia hace un contraste entre los creyentes y los no creyentes, la vida cristiana debe estar definida por el amor, tanto a Dios como al prójimo (Mt. 22:38-39), este es tanto, un acto de obediencia como de fe. Al que los hijos de Dios estamos llamados cada día. Quien no está viviendo en la voluntad de Dios, quienes les han dado la espalda a sus mandamientos, no pueden vivir amando verdaderamente a los demás, y no pueden alcanzar esta meta espiritual y relacional de manifestarse el amor mutuo, puesto que este amor no procede de un corazón regenerado esta privado de la entrega, desinterés, pureza y deleite que debería producir el verdadero amor por obra del Espíritu (1 Co. 13:4-7). Sin dejar de mencionar que, no cultivan relaciones espirituales en las que pueden desarrollar este tipo de amor y verlo en marcha. 


Las relaciones interpersonales son delicadas, tenemos que aceptar que, el día de hoy, en ocasiones nos enfrentamos a dificultades entre creyentes, y hermanos de la misma congregación, esto puede ser fruto de la falta de intimidad con Dios, inmadurez, o simplemente un corazón que aún no ha abrazado la gracia, aspectos que están presente de una u otra manera en todas las iglesias, sin embargo, la gran diferencia siempre radicara en el compromiso del creyente con obedecer a Dios y mantener la paz en la relación con su hermano, Dios nos hace un llamado a cultivar un amor entrañable (1 P. 1:22), este amor debe aprender a madurar y liberar a nuestros hermanos, cuando sus faltas o las nuestras afectan negativamente la relación, no hacer esto, es mostrar un desapego a la voluntad de Dios para con su iglesia (1 Jn. 4:16-21). 


Hermanos, todas las cosas que emprendamos o hagamos, siempre deben ser hechas con amor (1 Co. 16:14), el amor es la marca de nuestra fe, porque mediante ella, honraremos al Señor siguiendo su voluntad (14;15), y mediante el amor, podremos cultivar relaciones exitosas entre nuestros hermanos. Oremos cada día para que nuestros corazones sean saciados con la gracia divina, de tal manera que, su amor reboce en la vida de los demás (Ro. 5:5). Amigo, como puedes ver, este tipo de amor y relación espiritual no se puede lograr con nuestro esfuerzo moral, es cual, aun siendo el más elevado, es nada ante la inmensidad de Dios (Is. 64:6), si quieres ser habilitado para amar de manera más plena y como el resultado de la gracia de Dios sobre ti, te animamos a que primeramente recibas su amor, el cual se ha manifestado en la cruz (3:16), y así creyendo, será libre del amor terrenal y equipado con el amor celestial (8:36), no permitas que tus fuerzas sigan sufriendo las decepciones del amor. Dios te bendiga 


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 7-9 


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