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Jesús ora por la unidad y seguridad de los creyentes 

Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. (Jn. 17:20-26). 

 

Jesús expresa su preocupación y amor, no solamente por los apóstoles, y aquellos que le seguían, sino que extiende su oración para todos aquellos que a través de los tiempos responderíamos a su bondad. Aquellos que como expreso Pablo (Fil. 1:27) combatimos por la fe y un mismo espíritu en el evangelio. Vemos tanto su intercesión, como la seguridad de que El Padre obraría y prosperaría la obra de sus manos. El sabe que, a pesar de las debilidades de ellos, lograrían cumplir con los propósitos del padre. Jesús visualizó la gran multitud delante del trono de Dios de toda nación, raza, lengua, clase, y nivel social) (Ap. 7:9-10) y oró, para que pudieran ir más allá de sus diferentes trasfondos y comprender su unidad, una unidad que destelle la perfección que El mismo modela con El padre. Algo que solo se podrá, a medida que, nos acerquemos más a la santidad de Dios. Una unida movida no por dogmas o imposición sino por la manifestación del amor en ellos que habría de sobreabundar (Ro. 5:5). 

Jesús no solo pide por la unidad de su iglesia, apelando que alcance la estatura de la posición que murió para que alcancemos, mientras nos revestimos del nuevo hombre (Ef. 4:13, 22-24), El reafirma la promesa hecha (14:1-3), que también nos asegure una posición eterna junto a Él. Aun antes de completar la obra en la cruz, Jesús muestra su anhelo de estar con sus escogidos por la eternidad. Jesús siempre hizo alusión a la gloria de aquel que lo envió (7:38), pero ahora pide que, en su debido momento, ellos y nosotros podamos experimentar completamente, aunque ahora lo experimentaríamos parcialmente, por la intervención de Dios en nuestras oraciones (14:13). La base de esta realidad descansar en que la fe que hemos depositado en Cristo, será eternamente recompensada (Ro. 8:29-30), Él se comprometió con manifestarnos su amor todos los días, hasta que volvamos a estar eternamente con El (Mt. 5:8

 

Ya sabemos que espiritualmente estamos en los lugares celestiales que Cristo habilitado para nosotros (Ef. 1:3), la fe, ha hecho que cada cristiano sin importar su trasfondo social, político, étnico o familiar, que ha puesto su fe en El, ahora forma parte de la familia de Dios (Ef. 2:19), Dios mismo ha obrado la salvación en sus vidas, y El mismo va a velar por la unidad de su pueblo, los discípulos, no solamente procuraron mantener esta unidad que en ocasiones es atacada por el pecado, sino que, dejaron pautas para que nosotros como seguidores de Jesús conozcamos cuál era su voluntad y vivamos procurando siempre nuestra unidad como pueblo de Dios (Ef. 4:1-3). Siendo esta su voluntad, un mandato que encontramos en su Palabra, podremos alcanzar una comunión cada vez más estrecha con El, que nos capacitara para que podamos estar cada vez más cerca los unos de los otros.  

 

Aquí también encontramos seguridad en uno de los pilares de nuestra fe como cristianos Vv. 24, un día, nosotros estaremos exactamente al lado de nuestro salvador en gloria (1 Tes. 4:16-18), estas palabras deben ser de aliento y ánimo para nosotros, más allá de las luchas de nuestro caminar, más allá de nuestros tropiezos, dolor, angustias, enfermedades o tribulaciones, un día llegaremos a casa y Dios eliminara todo sentimiento de nuestras mentes y corazones (Ap. 21:4), Esta es una de las razones por las cuales Pablo anima a la iglesia a poner la mirada en las cosas de arriba (Col. 3:1-2), porque al vivir concentrados en aquello que nos aguarda en gloria, no estaremos afanados por las cosas que nos sucedan en este mundo perecedero, la calve es vivir haciendo la voluntad de Dios (1 Jn. 2:17). Tú y yo hermano podemos tener esperanza, no solo porque Jesús murió, sino porque resucito y donde Él está hoy, pasaremos la  abundante eternidad a su lado.  

 

Hermanos, Dios ha habilitado un sinfín de bendiciones para aquellos que le amamos, por tanto, aprendamos a confiar y descansar en El, mientras nos animamos unos a otros, para lograr la carrera que tenemos por delante (1 Tes. 5:11). Dios desea que su pueblo camine en unidad, y esto, debe animarnos anhelar la comunión con nuestros hermanos y tener tiempos de edificación mientras nos auxiliamos en las debilidades (Ec. 4:9-11), y recordamos las promesas que Dios ha habilitado para nosotros en Cristo. Amigo, Jesús ha extendido su invitación para todos aquellos que habrían de poner su fe en El, esto implica que, reconozcas tus pecados y clames a Él, por el perdón y la salvación que necesitas. De esta manera serás unido a su gran familia universal y recibirás el derecho legal y espiritual de ser llamado su hijo (1:12-13) y así, podrás disfrutar de los beneficios que fueron conquistados en la cruz. Dios te bendiga

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Levítico 11-13 

 

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