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Jesús ora por la unidad y crecimiento de los apóstoles 

Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (Jn. 17:11b-19).

 

Jesús continua con su intersección ahora, para que aquellos que fueron elegidos para completar la obra de redención en la tierra luego de su partida (Ro. 8:29-30), sean guardados por el poder de Dios. Este deseo se extendía a que ellos lograran mant3ener una unidad espiritual entre ellos a pesar de la diversidad de sus caracteres. Cristo desea que haya una comunión que sea visible para los demás, pero que consiste principalmente en su unicidad en las enseñanzas que han recibido, El Espíritu Santo canalizaría esta obra, pero ellos deberían trabajar en ella (Ef. 4:1-3). Cristo ora que, así como con su compañía, su vida no perdió, sus creencias se mantuvieron, aunque en ocasiones estaban a oscuras, etc. (Mt. 12:2-8). Jesús llevo a cabo la voluntad del Padre de guardarlos y solo el hijo de perdición cayo víctima de su maldad, quien Jesús sabía que no era de los suyos (6:70-71), algo que era profético en el plan divino (13:18). 


La razón, por la que esta oración era tan importante, entre otras cosas, porque ellos habían sido iluminados por Cristo y ahora el mundo que estaba atado a sus pecados, los perseguirían, pero su gozo se mantendría si El Padre obraba y guardaba sus corazones, esta seguridad haría que sus corazones sobrepasarán cualquier situación entendiendo que, nada podría separarlos de su amor (Ro. 8:36-39), ya para aquel momento, Jesús reconoce que ya ellos eran rechazados, pero El oraba no que fueran llevados a su presencia, sino que, los guarde de las malas intenciones del maligno que usaría al mundo para perseguirlos (1 P. 5:8). Pero ellos vencerían en la victoria de Cristo (16:33, Ro. 8:37), Otra petición es que sean perfeccionados en la santidad mientras se exponían a las Palabras y revelación que Dios les daría para fortalecer a la iglesia (2 P. 1:21), en esta condición ellos podrían enfrentarse ante el mundo y vencer el mal (Ef. 2:20). 


A través de Cristo, todo creyente tiene acceso directo al trono de Dios (Ef. 2:18), es mediante El, que nosotros encontramos socorro ante cualquier circunstancia de nuestras vidas (He. 4:16). El Padre se ha comprometido en responder a cada una de nuestras peticiones, para glorificarse en medio de su pueblo, ya que la obra del Padre fue perfeccionada, en la muerte y resurrección de Cristo. por tanto, podemos presentar todas nuestras preocupaciones o anhelos de corazón, porque Él está dispuesto a responder y guiarnos con amor y disposición (1 Tes. 5:17-18). La oración es uno de los aspectos más importantes en la vida cristiana, mediante ella honramos a Dios, somos fortalecidos espiritual mente, poniendo cada aspecto de nuestras vidas en su presencia y recibiendo la dirección que necesitamos para hacer su voluntad.  


Nuestras oraciones al igual que el ejemplo que tenemos de Cristo, también deben ir dirigidas a favor de nuestros hermanos. La Biblia continuamente nos lleva a orar unos por los otros, Pablo se había comprometido con esta obra de gracia a favor de las iglesias (Ef. 1:16-18), y es algo que Debemos imitar como creyentes (Stgo. 5:16ª), estas oraciones serán de intervención, de fortaleza, para perseverancia, provisión, crecimiento, y muchas cosas más, tal como Cristo ora por los suyos, nosotros hemos de orar para que aspectos específicos de la palabra se hagan manifiestos en nuestras vidas y las de ellos. La Biblia nos enfatiza los beneficios de la unidad (Sal. 133), es parte de los beneficios que disfrutamos cuando contamos con personas piadosas (Ec. 4:9-12). Orar debe ser una práctica continua en nuestras vidas, por las circunstancias de la vida, las luchas, las personas en necesidad, los propósitos de Dios. Para cada aspecto de nuestras vidas y la de nuestros hermanos necesitamos orar y recibir la dirección del Señor. 


Hermanos, en un mundo donde enfrentamos tantas luchas, debilidades, necesidades, enfermedades y persecución por nuestro amor a Dios, la iluminación que encontramos en la oración debe ser procurada siempre, te animamos a que revises que tanto tiempo ocupa la oración en tu vida, porque esa será la apertura que estas dando a vivir para Dios en este mundo caído, es la falta de ella la que nos impide la vida abundante que Dios desea darnos (5:40, 10:10). Oremos y estudiemos la Palabra, para ser fortalecidos en el hombre interior y mantengamos la unidad espiritual que debe caracterizarnos como creyentes. Amigo, la Biblia nos enseña que Dios desea que su pueblo ore, pero Dios no escucha las oraciones de aquellos que se comprometen con la vida de pecado y no con su hijo (9:31), por eso, te animamos a entregar tu vida a Jesús para que veas como obra cambios significativos y se manifiestas en las peticiones que haces a Él en aspectos específicos de tu vida. Dios te bendiga.  


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Levítico 8-10 


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