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Jesús manifiesta la gran bondad de Dios al afligido

 

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. (Jn. 9:1-4)

 

A pesar del intento de agravio con que termino el encuentro con los lideres religiosos, Jesús sale y continua su obra de servicio a favor de los despavoridos, no se amedrento ni se altero, sino que, siguió haciendo la obra de su padre, aquí lo vemos encontrarse a un hombre que había sido limitado por una enfermedad desde su nacimiento, condición que hacía que la persona tuviera que mendigar (Mr. 10:46b). Sin embargo, Dios tiene el deseo de ministrar y glorificarse en medio de los afligidos, para exaltar su gran bondad a favor de los menos favorecidos (Is. 42:7-8), Los discípulos, sin embargo, ven a este desvalido y se preguntan quién tenía la culpa de tal condición, atribuían este mal al pecado familiar, posiblemente considerando las palabras de (Ex. 34:7b), donde habla de Dios visitando el mal en términos generacionales. Pero esto tuvo su contexto y Moisés expreso, cada uno moriría por su pecado (Dt. 24:16). Pero Jesús no trato de aclararles sino, mostrar su misericordia este pobre hombre.

 

Este mal, no era fruto de algo espiritual, sino un efecto congénito, en el que Dios, que prometió aliviar a los menesterosos (Sal. 146:8) manifestaría su fidelidad y mostraría que el poder sobre todo descansa en la soberana voluntad de Dios. tal como sucedió con aquel hombre con lepra, Jesús expresó el deseo de Dios, al manifestar que Dios desea ayudarnos en nuestras enfermedades (Mr. 1:41), al igual que (Job 1:21), pueden venir diferentes calamidades, pero ninguna de ellas, estarán fuera del control de Dios, y sus planes mayores para con nosotros. Así que, Cristo, los lleva a enfocarse más en la necesidad del hombre, que en sus presuposiciones. Mientras aun habría tiempo para trabajar a favor de aquellos en necesidad. Jesús pensaba en su futura muerte y como El volvería a recuperar su antigua gloria, por lo que, al igual, ellos deberían servir conscientes de que, el servicio es solo por un tiempo.

 

Cuando vemos el ministerio de Cristo a la luz de los evangelios, nos damos cuenta, de que, Cristo, no se enfocó en las personas más sobresalientes, altivas, posicionadas u orgullosas de la época, no se enfoca en las etnias ni en comodidades personales. El, se enfocó en aquellos desvalidos, aquellos que tenían la necesidad de ayuda y no recibían el apoyo de aquellos que tenían las fuerzas para hacerlo, vino a enfrentar la desigualdad y recompensar la fe de quienes padecían (Mt. 9:13). Esto enfatiza la gracia que Dios ha mostrado en nuestras vidas (Ef. 2:5-9), lo que podremos alcanzar en Dios, no se trata de nuestros atributos, sino de la abundante riqueza de su gracia, sin importar en la condición en la que nos encontrábamos antes de venir a Dios. En el hemos sido dignificados, porque nos amó más allá de nuestra maldad (Ro. 5:8).

 

Habiendo sido favorecidos, entendemos que la salvación no descansa en nuestra manera de vivir, sino en la perfecta obra de Cristo en la cruz, si bien es cierto que debemos mostrar con nuestras vidas, nuestro amor a Dios (Mt. 7:20), la seguridad de nuestra esperanza no está en lo que podemos hacer, sino en la fe, de la obra que ya Cristo conquisto por nosotros en la cruz (Ef. 2:18). Al mismo tiempo, cultivamos empatía por aquellos que, entendiendo nosotros, tienen esta necesidad de esta gran salvación, nos preocupamos por compartirles la verdad (Hch. 1:8), predicamos porque entendemos las consecuencias que precederán aquellos que renuncien a la gracia, entendemos el vacío en el corazón, en cada aspecto de la vida, y porque sabemos que un día, ya no se podrá hacer nada para aquellos que parten de esta vida sin Cristo (He. 9:27)

 

Hermanos, lo que nos queda es agradecer a Dios, por haber tenido misericordia de nosotros y tenernos por dignos de ser parte de su especial tesoro y pueblo espiritual (2 Tes. 1:11). Somos privilegiados, y comisionados para guiar a otros a esta misma luz, orando y clamando para que Dios les conceda el arrepentimiento, al entender la realidad de sus pecados (2 Ti. 2:25), 

 

Amigo, posiblemente eres parte de un grupo de personas que han presentado calamidades y no ha habido alguien que se interese en tu vida, pero quiero que sepas que Dios, envió a Cristo para mostrar que realmente está interesado en tu vida, y cuando abrazas la fe, serás participantes de las maravillas que Cristo conquisto para aquellos que le aman en la cruz (Ef. 1:3), pero si eres de aquellos que lo ha rechazado por ciertos privilegios reflexiona, porque no vale la pena ganar todos los bienes del mundo y al final, perder el alma (Mt. 16:26), ven humildemente a Cristo, reconociendo tu necesidad de Él. Dios te bendiga.

 

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