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Jesús el único que evidencia ser igual a Dios


Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: ¿Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: ¿Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. (Jn. 10:30-38)


Jesús comienza esta sección con una declaración que estremece completamente a los judíos, y que sería objeto de controversia a lo largo de los años, por aquellos que ven en Cristo una nueva existencia de Dios, y otros que, ven en Cristo solo un hombre que simplemente está por debajo del Padre. A pesar de todas estas conjeturas, Jesús define que es igual al Padre en sustancia, es distinto del Padre y al mismo tiempo es lo mismo que El Padre. Jesús mismo ya ha hecho esta distinción y similitud (5:23; 6:39-40). Pero fue tanta la indignación de los judíos, que una vez más intentaron apedrearlo (8:59), pese a la limitante que habían recibido por parte de los romanos (18:31).


Jesús no alega contra ellos, no evidencia su maldad y disposición de quebrar la ley (Ex. 20:13), sino que, más bien les hace pensar, ¿por cuáles obras de las tantas que ya ha hecho lo van a matar? Sin embargo, Jesús no retiro su afirmación de ser Dios, sino más bien la reafirmo. Y señala el mismo argumento del (5:36), donde que sus acciones solo pueden ser igualadas por Dios. Estos judíos sabían que sus obras eran ineludibles, reconocen sus obras, pero se molestaron porque se hacía igual a Dios, lo cual para ellos era una central idolatría (Ex. 20:3) Siempre quien osase decir eso no fuera el Mesías. El argumento de Cristo es claro, Dios se había valido de referirse a hombres como dioses, en términos inferiores (Sal. 82:6), y a los buenos lideres se les identifico como personas que actuarían en lugar de Dios mismo (Ex. 4:16). ¿Si esto era posible para simples mortales cuanto más para el Mesías? La conclusión solo servía para evidenciar de donde había venido Cristo.


Nosotros sabemos por cada escenario como este y otros, que Cristo es igual a Dios, manteniendo una eternidad junto al Padre (Ap. 21:8, 22:13) y que se humillo así mismo para dar al hombre una oportunidad de salvación (Fil. 2:5-7), manteniendo una equidad siendo completamente Dios, y completamente hombre. Estos son los aspectos que señalan su deidad y su humanidad en plena simetría. Esto respalda tanto lo maravilloso de su obra, como lo glorioso de su muerte en sustitución en la cruz, por El no existe condenación para quienes se han entregado con fe al Padre (Ro. 8:1). Salvo a las intenciones del maligno de desequilibrar la realidad en “la unión hipostática” que es ese pleno equilibrio entre Jesús Dios y Jesús hombre. Esta declaración es el centro de nuestra fe.


Históricamente muchos hombres han intentado redefinir las Palabras de Cristo, tenemos el problema con el arrianismo que no eleva a Jesús más allá de la posición de un buen hombre, y otros extremos como sabelianismo que señala a Jesús como una transformación de Dios en una nueva esencia. Estos problemas vienen por la presunción de intentar comprender completamente aquel que está muy por encima de nuestra comprensión (Is. 55:8-9), y aquel que ha decido mostrarnos según sus propósitos, solo aquellas cosas que en su soberanía ha deseado compartir con nosotros (Dt. 29:29), esto, no es solo cuestión de fe, es cuestión de aceptar aquello que Dios ha revelado de sí mismo, para no caer en el mismo bache de incredulidad en el que se vieron envuelto los religiosos de la época.


Hermanos, nuestra fe, no está puesta en un predicador itinerante, que hablo acerca de una vida moral, hablamos del único en semejanza de Dios, que se humillo así mismo para que, hoy nosotros podamos tener libertad (8:32, 1 Jn. 4:10) Quien nos llamó del reino de las tinieblas a la luz y nos capacita para esta nueva vida gloriosa, llena de promesas y esperanza. Esto debe llenarnos de seguridad y gratitud, porque hemos sido escogidos para salvación. 


Amigo, no se cual sea tu percepción acerca de Cristo, pero puedo decirte que lo que piense acerca de Él, definirá tu destino eterno (Jn. 3:18), igual mente tus respuestas a sus Palabras, evidenciaran si realmente deseas caminar en luz o estas atrapado por las tinieblas, queremos ver tu vida en plena sensatez sobre la existencia, por eso te animamos aceptar a cristo como salvador, hasta que esta realidad no se interiorizada, estarás en tinieblas, se sabio, (Pr. 3:7). Dios te bendiga.


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Genesis 31-33

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