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El gran ejemplo del maestro 

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; más para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. (Jn. 13:12-20


Aquí Jesús luego de lavar los pies a sus discípulos se incorpora con el fin de dejarle una tremenda lección a los suyos, quería trazar un ejemplo de amor y humildad que los llevara a servirse mutuamente, sin buscar una vana gloria terrenal, tal como había sucedió en el pasado (Lc. 9:46-48), Aquí el énfasis no es tanto la práctica de lavar los pies como un dogma, sino más bien, enfatizar la disposición de servicio que debería haber en cada uno de ellos (1 Co. 9:19), esta fue la actitud que eventual mente definió el trabajo de los discípulos y colaboradores, quienes llegaron a identificarse como siervos de Dios. Ellos le llamaban acertadamente maestro, y ningún siervo osaría pensar que su labor no es digna de si, cuando su maestro mismo la ha llevado a cabo, y aquí, ellos deberían tener este sentir (Fil. 2:5).  


Jesús traza un precedente para que haya una buena disposición entre ellos para servir, tal como Él le sirvió a pesar de su posición de Señor, ellos deberían imitar su ejemplo. Esto sería algo irresistible para aquellos que ya formaban parte de su rebaño (1:12), y de una enorme bendición para cada uno. Pero Cristo señala nuevamente que no todos están limpios por la fe, sino que, a pesar de tener los pies lavados, había uno con el corazón apartado quien llevaría su incredulidad a la misma traición (Sal. 41:9). Pero termina con una nota de predicación, esta lleva a reflexionar a Judas en su traición, como un rechazo directo a Dios, y anima a los discípulos para que mientras ellos predicaran la verdad, aquellos que lo rechazaren, no lo están rechazando solo a ellos, sino a Dios mismo, perdiendo así, la oportunidad de salvación.  


La vida de Jesús es un manantial de bendición desde cualquier perspectiva que se quiera tomar, cada acción que hizo en la tierra fue intencional por su compromiso con obedecer a Dios (6:38), pero igual, por su deseo de trazar un camino para nosotros, sus hijos (13:15). Su llamado al amor y al servicio, está presente a lo largo de todo su ministerio. Su deseo es que nosotros nos comprometamos con seguir sus pisadas (1 Jn. 2:6). Ahora que estamos en la fe, Dios desea que vivamos de tal manera que nuestras vidas, sean un ejemplo de piedad para todos aquellos que nos rodean (Mt. 5:16), esta vida, debe ser, de testimonio en nuestras palabras, conducta, prioridades, frutos espirituales, fe y la santidad que debemos modelar cada día (1 Ti. 4:12). 

 

Algo que, en este aspecto cabe resaltar, es el hecho de que, nosotros, debemos cuando se trata de servir en la obra del Señor, procurar tanto la excelencia como la humildad, llevando siempre a las personas a ver a Cristo, no sobre nosotros (Col. 3:23-24), Igualmente, cuando se trata de ver a otros ser usados por Dios, tener una disposición de amor y gratitud para con Dios (Lc. 9:48-50). Igualmente, cuando se trata de ver algún hermano en una prueba o debilidad, también, debemos procurar nosotros, llevarlo a una comprensión de su lucha, mostrando que estamos disponibles los unos para con los otros. Cada acción que nosotros expresamos, cada deseo y anhelo, debe ser siempre filtrado por la Palabra de Dios. Ya que, ella es el modelo que Dios nos ha dejado para que guiemos nuestras vidas y nos adecuemos al agrado que Cristo logro producir para con El Padre (Mt. 3:17).  


Hermanos, Dios ha hecho más por nosotros, que lo que pudiéramos hacer en varias vidas juntas en continuidad, pero no se trata solo de hacer muchas cosas por El Señor, el ejemplo que hemos recibido, es para que, tengamos una correcta disposición de servicio, y una urgencia, para tener la mejor de las actitudes al hacerlo, agradeciendo a Dios por aquellos que también están participando del servicio (Fil. 2:3). Amigo, este llamado a la humildad es el resultado directo de una obra de Dios en el corazón, que está ligada a la transformación que Cristo opera. Hoy puedes pedir a Dios un nuevo corazón (Sal. 51:10), y ver como las demás cosas en tu vida van tomando su curso, según los designios del Padre, Dios te bendiga.  


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Éxodo 38-40 


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