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Caminando con Jesús, pero con el entendimiento limitado

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. (Jn. 14:7-11)

 

Jesús les explica a los discípulos que El, es el único camino al Padre (Hch. 4:12, 1 Co. 3:11), puesto que El del Padre habría salido. Y verle a Él, es ver la manifestación de la promesa divina de salvación. Si le conocían a Él, es lo mismo que conocer al Padre. Sin embargo, El, sabia que ellos no habían sido aun completamente iluminados, pero le conocerían. Felipe a pesar de ver todas las maravillas que experimento, hace una particular petición para Jesús, si le mostraba al Padre, el tendría una seguridad transformadora en su fe, sin embargo, a pesar de ver la deidad de Cristo, sus maravillas y prodigios, no era conciente, como Juan señala (1:1-3), que El mismo era Dios. Asi que, si quería experimentar seguridad, debería pensar en vida santa y diferente que Cristo vivio durante todo su ministerio (Is. 53:9).  

 

Uno de los argumentos más centrales que Cristo utilizo, para que ellos, a pesar, de su limitado conocimiento, era que consideraran las señales y prodigios que hacía y ellos habrían experimentado en primera plana. Esto no es un llamado hacernos imagen de Dios o Cristo, ya que ningún ser impersonal, puede ofrecer la comunión, relación y vida, que una experiencia personal con Cristo produce. Jesús certifica esta realidad, haciendo unas declaraciones que ningún ser humano puede o podrá hacer jamás, quien me ha visto a mí, al padre ha visto. Consideren mis palabras y verán la armonia con las escrituras, consideren lo que hago y las palabras aun de los religiosos, quienes certifican que nadie hablaba o hacia las cosas como Cristo las hacia (3:2, 7:46).

 

En ocasiones, pudiera pasar en nuestras vidas las mismas actitudes limitadas que estos discípulos, ya Cristo ha hecho su obra redentora, tenemos su Palabra escrita y completa, tenemos la compañía continua del Espiritu Santo, pero en ocasiones, “mas de las que queremos aceptar” nuestro entendimiento esta entenebrecido. Y esto, puede suceder cuando actuamos o nos comportamos como aquellos que no conocen a Dios (Ef. 4:18). Si nos apartamos de la comunión con Dios, creamos un corazón endurecido para con su dirección y voluntad, la cual, tendemos alejar de nuestras vidas. Otras veces cuando deseamos ver cosas específicas, antes de identificar todas aquellas cosas que Dios hace continua y diariamente para nosotros (Lm. 3:22).

Dios desea que cada uno de sus hijos sea entendido en cuanto a su voluntad (Ef. 5:17) y que procure cada dia caminar en ella. Esto no será posible sino pasamos tiempo intencional en la presencia de Dios buscando iluminación en la oración y procurar estudiar continuamente su palabra. Y aun pudiéramos señalar la utilidad de los medios de gracia, pero es importante que recordemos que, no podemos ligarnos exclusivamente a nuestras propias conclusiones, sino descansar en la palabra, mientras identificamos la buena, perfecta y agradable voluntad del Señor (Ro. 12:2c), debemos interiorizar las cosas que Dios va obrando en nuestro alrededor para guiarnos a sus propósitos e iluminación (Ro. 8:28).

 

Hermanos, Dios nos hace una abvertencia, para que, habiendo pasado un tiempo nosotros en la fe, no actuemos como niños sin discernimiento o sin un compromiso espiritual tan significativo, que haga que, el creyente, no avance de los lineamientos básicos de la fe (He. 5:12). Lo que El desea es que seamos maduros y con la capacidad de discernir aquellas cosas que exaltaran su gloria en nosotros y guiaran por puerto seguro (He. 5:14), no permitamos que nuestro caminar se convierta en religiosidad y no conozcamos personalmente a Dios ni su voluntad para con nosotros en términos generales y personales. Amigo, sin Cristo, la voluntad de Dios, esta oscurecida por el pecado y las malas intenciones del maligno, el cual, procura apartar al hombre de toda sensatez en cuanto a obedecer a Dios (2 Co. 11:3), no te permitas vivir sin saber acerca de tu creador o rechazar la abundancia de la gracia sobre ti. Dios te bendiga.

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Levítico 13-15

 

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