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Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. (Jn. 19:9-16) 


Ante el espanto de Pilato, vuelve hablar con Cristo preguntando sobre sus orígenes, pero Jesús calla, ya había aceptado que la suerte de Cristo estaba en sus manos, pero la presión social, pudo más que la poca sensatez que poseía. Jesús, sin embargo, ahora le deja en claro, que, aunque eso sea cierto, la única razón por la que era así, es porque Dios, en su soberanía (Ef. 1:11), lo decidió. Jesús no se dejó intimidar ni por las palabras de Pilato, no por la presión que los judíos estaban poniendo para crucificarle, puesto que El, para esto había venido a la tierra, mientras ellos pensaban que destruían los planes de Cristo, simplemente lo estaban encaminando. Ahora bien, todos aquellos que incitaban a la multitud y habían planificado aquella parodia, tenían una mayor responsabilidad, ya que, como diría Pedro más adelante, conscientemente procuraron la muerte del enviado de Dios (Hch. 2:23, 3:15). 


Tal acto con alevosía, se llevó a cabo de una manera completamente blasfema, puesto que, dos veces, estos enfurecidos judíos reconocen a Cesar sobre Dios, identificándolo como su rey. Una hipócrita declaración, característica de este grupo (Mt. 15:7), puesto que todo hebreo reconocía que Dios era su único rey sobre ellos (Sal. 149:2, Is. 33:22). Pero Pilato a pesar de intentar ridiculizar a los judíos, solo los enfureció y lo pusieron en una posición donde no podría adjudicar, puesto que, si liberaba a Cristo oponiéndose a ellos “Aunque esto pudiera culminar en su salvación” se opondría al pueblo y leyes romanas, pero si lo crucificaba, “aunque terminaría condenado (3:18)” podría seguir funcionando como líder social, y esto fue lo que tristemente eligió, al entregar la vida de Jesús en manos de sus verdugos.  


A pesar de la incongruencia con los judíos, hacia sus opresores, ellos hicieron una verdadera declaración espiritual, habiendo rechazado al Mesías, Cesar se había vuestro su rey terrenal, mientras que satanás el padre espiritual (8:44), aquí estaban sellando su dureza e incredulidad. Al gritar a todo pulmón su deseo. Hoy día, muchos siguen el mismo ejemplo de disolución, declaran abiertamente su incredulidad o ateísmo, pensando que, de esta manera, resistiéndose al favor de Dios en sus vidas, opacaran de sus almas el juicio, mientras que, solo atraen sobre el castigo que está asegurado para aquellos que, expuestos a los favores del Señor, elijen cerrar su entendimiento, para poder vivir su vida de pecado mientras rechazan al Señor, siendo los orquestadores de su destrucción (2 P. 2:17). Existen incluso algunos creyentes que por un plato de lentejas como hizo Esaú (Gn. 25:31-34), venden su fe y amor a Dios. Esta puede traducirse en una oferta laborar, en una persona o relación no edificante, en una actitud desmedida por acumular riquezas, vanidad, etc. Así toman a toda voz, la sangre de Cristo por inmunda, menospreciando aquel de quien habían escuchado y visto hacer maravillas. Hay más castigo para quien conoce y aun así le menosprecia (Lc. 12:48).  


Hermanos, a diferencia de lo que muchos creen hoy día, no podemos blasfemar contra El Espíritu Santo, ya que Cristo, esta entronado en gloria, y no podemos decir palabras contra el hijo que cuestionen su divinidad, sin embargo, pudiéramos tomar la sangre de Cristo por inmunda, cuando conociendo su nombre y voluntad, escogemos el camino del mal (1 Jn. 4:17), por tanto, cuidemos nuestro andar, y guardemos el testimonio de Cristo que se nos ha confiado. Amigo, pudiera ser que, habiendo escuchado sobre Dios, te resistas a buscarle por no dejar cosas, que sabes que no de edificación para tu vida, estes dando la espalda aquel que sabes que desea manifestarse en tu vida. No menosprecies el amor de Dios, El continúa llamando a tu puerta (Ap. 3:20), un día, todo pasara y si no estas a cuentas, lo lamentaras por la eternidad, no permitas que el enemigo te aleje, ven al Señor. Dios te bendiga.

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 8-10 

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