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La tristeza producida por el compromiso apresurado 

Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. (Jn. 13:36-38)

 

Los discípulos no entendieron las palabras de Jesús sobre su partida, pero en su sabiduría Cristo sabía que Pedro no estaba listo para entregar su vida por El, según la historia “llegaría a preferir la muerte, crucificado boca abajo sintiéndose indigno de morir como su Señor”, sin embargo, más adelante se prepararía. Pedro se aferra a una práctica tradicional normal, los discípulos son seguidores de sus maestros (Mt. 9:9, Lc. 5:10). Es aquí que Pedro, sintiéndose realmente comprometido con su maestro decide, que está dispuesto no solamente a seguirlo, sino, a entregar su vida por El. Podemos estar seguros que Pedro estaba dispuesto a seguir a Jesús, también creemos que era honesto sobre sus sentimientos, pero, dentro de otras cosas, se estaba apresurando a expresar estas palabras de compromiso.  


Jesús reconoce que se está apresurando a expresar estas palabras irónicamente Jesús pondría su vida por él, aquí le señala una cruda y triste verdad, que viene inmediatamente, luego de señalar que había entre ellos un traidor (Vv. 21), Pedro tú me negaras tres veces, esto debió ser devastador para la seguridad de pedro, pero no se trataba solo de su expresión apresurada de compromiso, también se debía, a la falta de fortaleza espiritual que tenía hasta este punto y su falta de comunión (Mt. 26:41). Cuando estos aspectos no están en orden, las decisiones que se tomen estarán más afectadas por nuestras buenas intenciones que, por la dirección del Señor y aquí, vemos una muestra en la que, Jesús amorosamente hace que Pedro reflexione. Mas tarde en la noche entendería la gran tristeza de esta verdad (Lc. 22:54-62).  


Nosotros podemos identificar muchos escenarios en los que, al igual que Pedro, nos apresuramos a tomar una decisión particular y hacer compromisos que eventualmente terminarán desvaneciéndose, en el olvido. Muchas de esas veces, estamos motivados más por la emoción que por una dirección del Señor, otras veces recibimos la dirección del Señor, pero no tenemos la disposición de seguir sus lineamientos y buscar la ayuda que necesitamos en El, para llevarlos a cabo. Nehemías, es un ejemplo de lo importante que es hacer un plan y buscar ayuda del Señor cuando estamos motivados a llevar algo a cabo, aun sea una decisión espiritual (Neh. 1:4-2:4). Algo que debemos hacer en todo momento es depender del Señor y pedir su guía antes de apresurarnos a decidir. 


Las decisiones son parte de la vida diaria, no siempre podemos evitar cometer errores, pero, podemos tomar la sabia decisión de buscar la dirección del Señor en oración, esta es la promesa que Dios nos ha hecho, si buscamos encontraremos su dirección (1 Jn. 5:14). Una manera eficaz en que evitaremos el dolor de las malas decisiones, es cuando tomamos decisiones con calma y dependemos del Señor en oración. De esta manera, cada decisión habrá pasado un proceso de análisis y reflexión en el que consideraremos las implicaciones y encontraremos las fuerzas para actual con sensates (Fil. 4:13), nosotros tomamos decisiones movidos por nuestro amor al Señor, pero por este mismo amor, tenemos que sopesar el costo de llevarlas a cabo y estar dispuestos a pagar el precio del compromiso, de lo contrario no agradaríamos al Señor (Ec. 5:4-5), no olvidemos pasar tiempo con Dios antes de tomar decisiones importantes.  


Hermanos, servir al Señor es un anhelo que todo cristiano tiene, comprendiendo que Dios da los dones (1 Co. 12:11), y que fuimos llamados para buenas obras que Dios preparo de antemano para que anduviéramos en ella (Ef. 2:10). Pero para esto es importante que, tomemos decisiones de compromiso y estemos dispuestos a llegar hasta al final, cuando se trata de honrar al Señor y, puesto que, nuestras vidas deben ser para su gloria, debe ser importante para nosotros, tomar decisiones que vayan en pos de la voluntad de Dios. Amigos, cada decisión que terminará en agrado al Señor, será aquella que, está dirigida por El Espíritu Santo. Para poder lograr esta relación personal con Dios, es necesario que, haya una entrega verdadera a Él, lo cual, se logra, mediante un arrepentimiento y una decisión de caminar siguiendo su voluntad, así que, decide reconocer tus pecados y vivir la dirección del Señor. Dios te bendiga. 


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Levítico 7-9 


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