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La oración Jesús, anhelando su posición eterna  

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Jn. 17:1-5).  


Antes de Jesús salir del aposento alto con sus discípulos, aquí les instruyo, consoló, amor, advirtió, dio esperanza, etc. Todo aquello que, como señalo (13:1) Evidencia que los amo hasta el final. Luego de practicar la santa cena (Mt. 26:26-29). Jesús, se dispone a orar al Padre a favor de sus seguidores y comienza presentando su anhelo de volver a tener aquella gloria eterna que disfrutaba con El Padre (Col. 1:17). Reiterativamente en el pasado cuando los fariseos tenían intenciones de matarle, Jesús siempre les enfatizaba a sus discípulos que su hora no había llegado (2:4). Pero aquí, ya ha recibido la dirección del Señor, de que, es hora de partir. Ya el tiempo se había concretado, tal como sucedió a la hora de que se encarnara (Ga. 4:4), Aquí Dios ya le había revelado, que era momento de regresar y Cristo ora finalmente anhelando su regreso triunfante a la gloria eterna, ora para ser glorificado junto a Él.  


La oración de Cristo resalta su confianza absoluta y sumisión a la voluntad perfecta de Dios, aun cuando Él conociera perfectamente cuánto le costaría. Por lo tanto, oró para que se hiciera la voluntad del Padre, para que el plan maestro de la redención se completara y el Padre hiciera realidad las promesas hechas a los discípulos, El recibiría una autoridad sobre toda la creación, recibida por su victoria en la cruz (Mt. 28:28) y un nombre que era sobre todo nombre, en el cual se juzgaría al mundo (Fil. 2:9-10). Pero aun esta posición Jesús la canaliza llevando a los hombres a Dios, marcándose así mismo como El camino que El Padre estableció (14:6; 1 Jn. 5:11-12). Esta obra de salvación, se obtiene por la unión espiritual mediante la fe en E. (Ro. 5:21). Mas adelante pedro convicto de esta verdad señala que no hay salvación en ningún otro (Hch. 4:12). Jesús vivió la vida que no podíamos vivir, para morir la muerte que merecíamos por nuestros pecados, pero ahora, está a la diestra de Dios intercediendo por sus hijos.  


El hecho de que solo Jesucristo tuviera la autoridad de conceder vida eterna, por medio de la cruz, también subraya la exclusividad del mensaje del evangelio. Solo a través de Él puede recibirse la vida eterna (3:35-36), no hay un aspecto en la vida y obra de Cristo que permita lugar a dudas, en cuanto a la eficacia y exclusividad de la salvación que ofrece. Dios acepto la ofrenda que Cristo hizo para redimir a la humanidad (Ef. 5:2b), esta obra de Jesús se ha convertido en nuestro modelo a seguir en la vida diaria. El cristiano está llamado a procurar imitar la vida de su Salvador (1 Jn. 2:6), para alcanzar el agrado que alcanzo delante de Dios para quien vivió y por medio del cual, nuestras vidas en cada aspecto deben ser canalizadas (Col. 3:23-24, Ef. 1:6). Dios nos llamó en Cristo para una vida particular y propósitos tanto particulares como generales que debemos perseguir (Ef. 2:10). 


Algo más en lo que podemos ser edificados en esta sección, es el compromiso con la oración que debemos adoptar (1 Tes. 5:17, Lc. 18:1). Tenemos todo un modelo a imitar que Cristo mismo compartió para que sirviera como estructura (Mt. 6:5-15), No para citáramos palabra por palabra cayendo en las palabras vanas que no transmite las intenciones del corazón Vv. 7.  La oración debe ser una comunicación con Dios, en la cual, nosotros adoramos su nombre, agradecemos y presentamos las peticiones de nuestros corazones, pero también, reflexionamos en las escrituras pidiendo iluminación por su Espíritu para que podamos comprender su voluntad y recibir la dirección que necesitamos (16:13ª). Este mismo Espíritu dice Pablo que se manifiesta cuando oramos para que podamos orar con sabiduría (Ro. 8:26). 


Hermanos, no caigamos en el error de acercarnos a la presencia de Dios, con dudas sobre su obra y victoria sobre la muerte y la condenación para nosotros (He. 12:2), pero tampoco caigamos en el error de orar, como si fuera un acto de religiosidad muerto, servimos a un Dios vivo que intercede por nosotros en el santo altar celestial y se interesa en cada uno de los aspectos de nuestras vidas (He. 7:25). Amigo ya Cristo ha completado su obra a favor de la humanidad caída, pero, la Biblia señala que para participar de esta obra debemos creer al evangelio, arrepentirnos de nuestros pecados y pedir la salvación que se encuentra en Cristo, Él es el único camino (14:6), y bajo ninguna circunstancia una persona, podrá ser salvo por ningún otro medio, hoy dispón tu corazón Dios en el nombre de Cristo. Dios te bendiga 


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Levítico 1-4 


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