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Jesús recibe la mentira descarada de los religiosos

 

¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? (Jn. 7:19-20)

 

A diferencia de Jesús quien se había comprometido con obedecer la ley, según hace una pregunta inducida a los lideres fariseos quienes, a pesar de haber recibido la Palabra de Dios mediante Moisés, no la obedecían y tenían una intención contraria a lo que Dios mando a Moisés (Ex. 20:13), pero ellos tenían una intención continua de quitarle la vida a Jesús (5:18; 7:1), En esto vemos la ironía ya que, mientras Jesús era sin pecado (2 Co. 5:21), ellos que no obedecían la ley y tenían malas intenciones para con Él, le juzgaban violentando la misma ley. A pesar de que, la salvación no es algo que se obtenga por las obras, ellos procuraban hacer sus propios esfuerzos (Ro. 3:20), Pero al final ninguno de ellos podía realmente cumplirla. Y Jesús les hace entender esa realidad universal.

 

Mas allá de esto, él les aclara que ellos no estaban siendo edificados y ministrados por Dios por su falta de compromiso con la voluntad de Dios, y a pesar de conocer algunas cosas a El que no tenían de que acusarle lo desechaban y tenían ganas de matarle, la multitud acusada y otras ignorantes de las intenciones de los lideres, le consideran paranoico, y más que esto, insinúan que estaba siendo dominado por las huestes de maldad. Todo esto es fruto de su maldad y frustración, los poseídos no andaban lucidamente y enseñando sobre Dios, mostraban manifestaciones, las personas conocían y experimentaban el azote por dicha condición, Pero nada de esto lo ha evidenciado Jesús, pero ellos desean desviar la atención al quedar su corazón al descubierto.

 

Llama mucho la atención que, a pesar de ellos saber que no cumplían la ley, a pesar de ellos saber las intenciones e incredulidad de su corazón, a pesar de sentir el vacío que la religión no podría llenar, ellos mienten hacia todo lo que Jesús les ha expresado e intentan cambiar el tema. (Stgo. 3:14b) nos llama a no mentir contra la verdad, y esto es, precisamente lo que hacemos cuando, al ser confrontados con el evangelio, buscamos medios para justificarnos, en ocasiones, otras veces vamos más lejos, porque simplemente, hacemos de la vista gorda o que sabemos que claramente es lo que Dios desea, esta y otras prácticas solo se habitúan, en los corazones religiosos que solo se conforman con cumplir algunos actos para sentir que ya está cumpliendo delante de Dios, la religión verdadera afecta el corazón (Stgo. 1:26).

 

Uno de los fenómenos sigilosos a los que tenemos que enfrentarnos hoy día, es al tipo de rebeldía que expresa creer, pero no tiene funciones o actividades prácticas que evidencien algún tipo de compromiso (Stgo. 2:14), en (Dt. 28) se hace una declaración contundente de lo que sucederá positivamente aquellos que obedecen la palabra de Dios, quienes son sinceros al pensar en su realidad y necesidad de la cruz. Por eso Moisés anima al joven José (Jos. 1:6-8) Meditar completamente en las escrituras, para conocerlas, y para ponerlas por obra, que como señala (Ro. 2:13), lo que hace que una persona vida dignamente delante de Dios.

 

Hermanos, la próxima vez que las escrituras evidencien una realidad en nuestras vidas, humillémonos delante de Él, para hallar oportuno socorro y le veamos operar en nuestras vidas (2 Cr. 7:14), no permitamos que las acciones religiosas roben de nosotros, la oportunidad de alcanzar la imagen de Cristo en nuestras vidas (1 Jn. 2:6), el cristiano debe andar en la verdad (3 Jn. 1:4; Sal. 86:11), no hacer esto, es atarse a las debilidades y no vivir la abundancia que Cristo desea darnos (Jn. 10:10b). Amigo, si aun estas negando tu necesidad de salvación, o estas justificando tus pecados, solo porque son agradables para ti, debes recordar que, solo aquel que confiesa y se aparta halla misericordia (Pr. 28:13), quien se resiste no. Hoy te animamos a no seguir el ejemplo de los fariseos, sino de los discípulos y reconocer que no podrás palabras de tal calibre o poder divino, como las que están registradas en la palabra de Dios, recibe hoy su amor y ama a tu creador. Dios te bendiga

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: 1 Tesalonicenses 1-4

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