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El trabajo incansable de Cristo y su empatía

 

Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. (Jn. 6:1-4)

Nosotros tenemos la tendencia a leer las escrituras muy rápido, y pensar que los acontecimientos se van desarrollando uno detrás del otro, si consideramos seriamente las declaraciones de (5:1) en su visita a Galilea han pasado varios meces, algunos dicen hasta un año, si era la misma fiesta que se celebraba. Durante este tiempo Cristo y los discípulos trabajaban incansablemente, tal como había dicho anteriormente (5:17), seguía trabajando arduamente para el reino (Mt. 5-8) es parte de esta obra. (Lc. 9:10) dice que Jesús se retiró al desierto para estar solo y tener un tiempo de sosiego y reflexión con los discípulos luego del arduo trabajo, pero, aun así, luego de que El y los apóstoles continuaran desarrollando el reino de Dios, pero la multitud lo persiguió y aun a ellas dice lucas que les ministro Vv. 11.

 

Esta gran multitud que se había unido por el trabajo de Cristo y los discípulos, está convencida de que Cristo tiene el poder de hacer maravillas, no todos se acercaban buscando el reino de Dios, pero si todos los que estaban querían escuchar y otros ver sus maravillas. A pesar de todo esto, Jesús, no expresa una queja, sino que tiene este tiempo de relajación publica con ellos de manera que, sirviera de edificación para los que están alrededor, pero como ya sabemos, Cristo tenía la intención de hacer una gran bondad a favor de estos creyentes, incluso pudiera ser que hubiera algunos de los que se acercaron por motivos de la pascua y querían verle actuar. Jesús tuvo compasión de ellos (Mt. 9:36) y actuó a su favor.

 

Pocas veces pensamos en las grandes jornadas evangelísticas y los viajes que Cristo tuvo que hacer para predicar el reino de Dios. mucho menos pensamos que es parte de nuestro llamado imitar esta ardua labor cuando hablamos de evangelizar tanto por obediencia (Mr. 16:15), como por el modelo que nos trazó para que sigamos sus pisadas (1 Jn. 2:6), pero lo cierto es que Cristo, se comprometió tanto con la obra de Dios, que ministraba como aconseja Pablo (2 Ti. 4:2ª), este trabajo será realizado cuando estemos identificados con la obra que Dios nos mandó y habiendo desarrollado empatía por aquellos que nos rodean y sabemos tienen necesidad del evangelio, pero no nos acercamos aun a los que están cerca (Hch. 1:8).

 

En un aspecto, muchas personas desean ver el compromiso con Dios en aquellos que se identifican como sus hijos, quieren saber más sobre el poder y su obra. Por eso debemos estar dispuestos a seguir más allá de lo que nuestra comodidad nos establece. Pensemos en los problemas que están afectando las sociedades el día de hoy, desigualdad, violencia, enfermedades, inseguridad, desempleo, necesidades, familias disfuncionales, etc. Todo esto debe ser un aliciente para que respondamos al llamado que Dios nos hace de ir a compartir esperanza (Mt. 28:18-20). Tenemos este tesoro que sabemos que puede ser de gran bendición, ocultarlo, solo mostraría egoísmo y poco compromiso con nuestro Señor (Mt. 25:25-27).

 

Hermanos, Cristo ha trazado un camino a seguir que, afecta tanto el aspecto social, espiritual, ministerial y moral. Necesitamos estar comprometidos con su obra para cumplir con el propósito para con el cual fuimos llamados (Ef. 2:10), no debemos seguir retrasando o menospreciando el privilegio que tenemos de trabajar por El Señor, no permitamos que los afanes, las preocupaciones u otros aspectos quiten nuestra mirada de Cristo (He. 12:2). Amigo, si estas sin Cristo hoy, te animamos a que recibas su amor, aquel amor que Jesús manifestó durante toda su vida y llego a la máxima expresión en la cruz, todo por amor a ti (Jn. 3:16-17), es momento de que consideres que, si Cristo estuvo dispuesto a vivir de la manera que vivió, es por su gran amor para contigo (Mt. 16:21). No menosprecies tan gran muestra de amor, entrega tu vida, aquel que puede hacer maravillas sobre tu vida y eternidad. Dios te bendiga

 

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