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Dios habla, aunque no siempre entendemos


La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.  La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. (Jn. 4:9-15)


Al Jesús hablar con la mujer, Ella no retarda su sorpresa y siendo consciente de las limitaciones culturales e historias entre ambos pueblos (Lc. 7:39), cuestiona que se dirija hacia ella, aunque no percibe hostilidad en Jesús para con ella, algo que sacerdotes, y ciudadanos, definitivamente si harían, especialmente considerando su contexto de vida. Jesús luego de que ella expresara su sorpresa, le habla sobre la fuente inagotable que posee, la cual, si ella realmente comprendiera por revelación de Dios (Mt. 16:17), estaría pidiéndole a Él, pero ignora completamente quien es el que le estaba hablando y las maravillas espirituales “agua viva”, que había ido a compartir con ella. La mujer le escucha y tampoco entiende las Palabras que recibía, por su escepticismo, inmoralidad y religiosidad. Al escudarse, en las creencias que el país adoptaba. Jesús, una vez más, le habla sobre la vida espiritual que desea darle, una diferente en todo sentido aquello que la religión ofrece al hombre (Col. 2:22). Ante esta oferta aun sin comprenderla, pide el agua, así que El, la guía antes, a comprender su condición. 


Este encuentro evidencia que existen cosas que satanás usa para que la personas no comprendan la verdad del evangelio (2 Co. 4:4). Pueden ser la vida religiosa superficial (Mt. 13:13), la ceguera producida por el pecado (Ro. 1:21), la duda de corazón (Stgo. 1:6-7), etc. Estas y otras cosas como: No leer la Biblia, la falta de asistir a una iglesia, limitaciones de índole académicas, etc. también estorban y no permiten al hombre entender el mensaje cuando Dios lo trae a su vida. En ocasiones como pecadores, necesitamos un gran argumento para ceder ante un error o reconocer la autoridad de un mensaje que recibimos (Mr. 1:29), pero lo más importante es la comunión mediante la obra del Espíritu Santo. Si alguna de estas cosas pasa en tu vida, Dios quiere que tengas una relación espiritual con El, para que su Espíritu te guie a la verdad (Jn. 16:13ª). Así Dios, te equipara para comprender su voluntad.


Hermano, la pasividad que mostramos con los medios de gracia como cristianos, debilita nuestra capacidad de discernir la voluntad de Dios, debemos comprometernos con buscar dirección en las escrituras (Sal. 19:7-9), ya que, como sus hijos, El espíritu obrará claridad en nosotros siempre que la pidamos. Amigo, no podrás discernir la voluntad de Dios para tu vida sin la salvación, momento en que Cristo alumbrara tu entendimiento (2 Co. 3:16), dispón tu corazón en arrepentimiento y busca de Cristo hoy, esta es su voluntad para ti. Dios te bendiga.


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Lucas 22-24

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