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Evidencias de caminar en comunión con Dios 

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. (Jn. 15:1-6

 

En un contexto de esperanzas, pactos y promesas. Jesús desea que sus discípulos entiendan que en El, descansa toda promesa, pacto o esperanza. Él es la verdadera vid. El Padre por otro lado, es aquel, que vela por el cuidado y sostén de sus hijos alrededor del mundo, quienes fueron añadidos al pueblo, por su confianza en la obra de la Cruz. Una evidencia clara de la salvación es la comprensión de que, Cristo salva y El padre es aquel que opera su cuidado sobre los que salvo. Otra evidencia palpable que, Cristo comparte con sus discípulos, es la de aquel que está comprometido con los frutos en su nueva vida (2 Co. 5:17). Estos serán bendecidos por Dios “Quien obra la purificación en lo que hacemos” de tal manera que, aquel que se compromete con ellos, podrá recibir la gracia para continuar dando aún más (Mt. 13:12). 

 

Otra evidencia que Jesús señala como elemental para identificar aquel que camina en comunión con Dios. Es la salvación alcanzada por la obra de la Palabra en el corazón (Ef. 1:13, 2:5-9), una persona que piensa que ha alcanzado la salación por sus méritos o esfuerzo, simplemente no ha comprendido el favor o la obra divina, la salvación es del Señor (Sal. 3:8). Otra evidencia, es una real necesidad de permanecer cerca de la presencia de su Padre. La gracia se hace irresistible, para aquellos que experimentan la comunión con Dios. Otra evidencia es la conciencia de que todo lo que logra realizar es por la gracia de Dios, así como los pámpanos no funcionan sin su tallo, así el creyente no funciona sin la obra de Dios en su vida. Finalmente, Jesús señala que aquel que está en comunión con El padre, es aquel que permanece en sus caminos, aquellos que solo están aparentando, evidencian la realidad de su corazón y son apartados por la maldad de sus corazones no regenerados (Mt. 7:17-20).    

 

Nosotros sabemos que como creyentes hemos de dar frutos, frutos del Espíritu Santo, frutos en el hogar, la iglesia, el trabajo, las amistades, etc. Esto involucra que cada cosa que hagamos la hagamos considerando los lineamientos del Señor y sus propósitos (Col. 3:23-24), El autor a los hebreos nos anima a considerar incluso la alabanza como un fruto (He. 13:15). La salvación es un regalo que obtenemos por la gracia de Dios, sin embargo, para manifestar que realmente estamos caminando con Dios, se necesita algo más que una publicación en la red o actividades religiosas, es necesario que, evidenciemos con las acciones, actitudes y prioridades en nuestras vidas que andamos en la verdad. Toda actividad religiosa carecerá de provecho, si la gracia de Dios, no nos respalda, por eso Jesús señalo anteriormente que los frutos identificaran al hombre en su caminar (Mt. 7:20).  

 

Lo opuesto también es real, cuando hay un compromiso como Dios y su Palabra, El pondrá la gracia en lo que hacemos y bendecirá nuestro servicio para su gloria. El creyente continuamente está expuesto a un sin número de peligros, tentaciones, dudas, caídas, etc. Pero más allá de todo esto, alcanzaremos los propósitos de Dios por medio de su gracia tal como señala el apóstol Pablo (1 Co. 15:10). Aunque el creyente anhele la perfección, es consciente de que, no es mediante su esfuerzo que lograra completar los propósitos de Dios en su vida, sino por la obra y dirección del Espíritu Santo (Fil. 2:13). Como alguien señalo una vez, “trabaja como si todo depende de ti, pero ora como si todo depende de Dios, porque literalmente así es” Énfasis añadido. Dios es quien nos da la salvación, es el que nos añade a sus planes, es quien pertenece toda la gloria y es el dueño de la grey. Al final de Dios es toda gloria y nuestro todo privilegio de servirle (Lc. 17:10). 

 

Hermanos, nosotros no podemos caer en el error, de pensar que la fe es pasiva, ir a la iglesia, y volver a casa, aunque participemos de cada servicio, y ciertamente esto agrega valor a los salvados, la vida cristiana es un llamado a que demos frutos de justicia por la obra de Cristo (Fil. 1:11), esto implica ir creciendo cada día en nuestras actitudes, compromiso y disposición de hacer la voluntad de Dios, junto a cada fruto señalado por Cristo en (15:1-6). Nos esforzamos no para ganar la salvación, sino para mostrar la obra de Dios en nosotros. Amigo, esto es un llamado no a las buenas obras, sino al arrepentimiento (Hch. 3:19), no hay nada que podamos hacer en nuestra vida que impresione a Dios, o que supere aquello que ya Cristo ha hecho para salvarnos, si realmente deseas la comunión con Dios, debes rendirte a Cristo con fe, y recibir por la obra del Espíritu dones y talentos que pondrás a trabajar para exaltar aquel que te ha dado todo en la vida. No te resistas a su llamado. Dios te bendiga. 

 

Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 1-3 

 

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