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Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos. (Jn. 20:19-23).

 

Luego de la aparición a María, los sinópticos nos dicen que, Jesús apareció otras cuatro veces más, A las mujeres (Mt. 28:9-10), A los dos en camino a Emaús (Mr. 12:12-13), a Pedro en algún momento de este mismo día (Lc. 24:33-35) y eventualmente a los diez discípulos sin tomas que es la sección que acabamos de leer. En este escenario los discípulos parecen haberse reunidos mostrándose amor y preocupación como Jesús le había ordenado (15:17) y como El mismo había orado que sucediera (17:11), pudieron ir a orar, o compartir su esperanza por toda la conmoción de aquel día, pero había inseguridad, miedo y preocupación, porque los judíos o autoridades del templo, pudieran irrumpir y arremeter contra ellos para eliminar completamente la fe de Jesús en el pueblo. Pero para sorpresa de todos, quien irrumpe en la sala, sin la necesidad de abrir las puertas es Cristo compartiendo un mensaje de aliento y esperanza, Tengan paz en ustedes, un llamado a superar su miedo.  


Esta primera expresión, simplemente los asusto, porque las puertas estaban cerradas y aparentemente había un silencio en la sala, ellos pensaron que veían un fantasma (Lc. 24:37). Lucas registra en el Vv. 39 que les dijo que observarán y tocaran sus heridas para que estuvieran más calma, y así fue que, tuvieron gran regocijo por su Señor. Y El nuevamente, los anima a tener paz, y así les hace un avance de lo que compartiría más adelante como su gran comisión (Mt. 28:19), les manda a compartir las verdades del Mesías a las personas, tal como Cristo se había comprometido mientras les formaba (6:38). Sello este llamado con la autoridad que ofrecería El Espíritu Santo, que se manifestaría más adelante en todos (Hch. 2:1-4). Y bajo el cual, Asegurarían la morada perpetua del Espíritu (Co. 6:19), El poder que daría en la comisión (Hch. 1:8) y dones que edificación al pueblo (1 Co. 12:4-11) a cada creyente de manera permanente (Ef. 1:13-14). 


Jesús cambio la tristeza, el miedo y la inseguridad de su pueblo ante el posible e inminente peligro por parte de los enemigos de la cruz. En la paz que El ofrece y que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Esto debería animar nuestros corazones a tener paz, si estamos en un escenario donde servir al Señor cuesta y genera incertidumbre, pues ahí debemos recordar que no pasara nada que exceda a su voluntad que no termine favoreciéndonos (Ro. 8:28). Tal vez haya inseguridad por lo que sucederá mañana en tu vida, pero recordemos que Él tiene cuidado de nosotros (1 P. 5:8), nuestro énfasis debe ser buscar primeramente al Señor (Mt. 6:33). Al final de cuenta, ya sea que tu carga sea moral, legal, económica, espiritual, emociona, familiar o de cualquier otra índole, no permitamos que nada de esto nos afane, sino que, nos lleve a orar a la presencia del Señor (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18).  


Algo más que, aprendemos de nuestra lectura, es el hecho de que, Dios desea que nos comprometamos con el evangelio de la salvación (Mt. 16:15), el mensaje es puntual y está claro para su iglesia. Debemos amar lo suficiente a Dios y los demás, para comprometernos con compartirles el mensaje de la salvación. Avisarles que el temor que hay en su vida, y la inseguridad, solo puede ser eliminada con la presencia de Dios en sus vidas (14:27) y que, solo pudieran ser libres del pecado por la sangre y obra de Cristo (3:16, 8:36). La única y verdadera seguridad que una persona puede recibir y la autoridad para eliminar el pecado y poder cumplir con los propósitos de Dios en nuestras vidas, será posible solo con la obra poderosa de Cristo a nuestro favor, de la cual, el hombre se hace participe por la fe (Ro. 8:37, 2 Co. 5:7), no nos preocupemos porque decir, o por los resultados, Dios nos ha hecho porta voces, la obra y el crecimiento es una obra divina (1 Co. 3:6-7).  


Hermanos, claramente, sin importar cual sea la situación en la que encuentres o aún lo grave que consideres que pueda ser, con la obra y persona del Espíritu Santo, que mora en ti (1 Co. 6:19), según los propósitos divinos, podrás superar cualesquiera circunstancias ya que, Cristo te ha asegurado la victoria a sus hijos más allá de nuestras limitaciones, porque El, es la fuente de nuestro poder (Fil. 4:13), solo tengamos la fe para honrarle y creer sus promesas (2 Co. 5:7). Amigo, quisiera animarte, a que consideres cual es el estado de tu corazón hoy día, las luchas que enfrentas, las dificultades por esa vida de incredulidad que has abrazado, y los diferentes males que hay en tu vida, esta reflexión, dentro de las muchas cosas que nos muestras es que, seguimos en obediencia a la comisión de Dios, para que tú, recibas la paz que sobre pasa todo entendimiento por la fe, ven a Cristo y se salvó (Hch. 16:31). Dios te bendiga 


Acompáñanos a leer la Biblia en un año: Números 33-36 

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